Los ataques de fuerza bruta son una grave amenaza para la ciberseguridad porque se dirigen al eslabón más débil de las defensas de seguridad: las contraseñas elegidas por humanos y las cuentas mal protegidas.
Un ataque de fuerza bruta exitoso puede generar un acceso no autorizado inmediato, lo que permite a los atacantes hacerse pasar por el usuario, robar datos confidenciales o infiltrarse aún más en una red. Además, a diferencia de los hackeos más complejos, los ataques de fuerza bruta requieren relativamente poca habilidad técnica, solo persistencia y recursos.
Uno de los principales riesgos de un ataque de fuerza bruta es que una sola cuenta comprometida puede tener un efecto en cascada. Por ejemplo, si los ciberdelincuentes fuerzan el acceso a las credenciales de un administrador, pueden usarlas para comprometer otras cuentas de usuario.
Incluso una cuenta de usuario normal, una vez accedida, podría revelar información de identificación personal o servir como trampolín para un acceso más privilegiado. Muchas vulneraciones de datos e incidentes de ransomware comienzan con atacantes que utilizan la fuerza bruta para descifrar cuentas de acceso remoto, como el protocolo de escritorio remoto (RDP) o los inicios de sesión de VPN. Una vez dentro, los atacantes pueden implementar malware, ransomware o simplemente bloquear el sistema.
Los ataques de fuerza bruta también son un problema de seguridad de la red , ya que el volumen de intentos de asalto puede ser ruidoso. El ruido significativo de la red puede abrumar los sistemas de autenticación o actuar como una cortina de humo para ciberataques más silenciosos.
Recientemente, los investigadores observaron una campaña global de fuerza bruta que aprovechaba casi tres millones de direcciones IP únicas para atacar VPN y firewalls, lo que pone de relieve cuán masivos y distribuidos pueden llegar a ser estos ataques.
Normalmente, una avalancha de intentos fallidos de contraseña de usuario alertaría a los defensores, pero los atacantes tienen formas de enmascarar su actividad. Mediante el uso de bots o botnets (una red de ordenadores comprometidos), los atacantes pueden distribuir los intentos entre varias fuentes, como las cuentas de redes sociales. Esto hace que los intentos de inicio de sesión maliciosos se mezclen con el comportamiento normal del usuario.
Además de su propia gravedad, es importante tener en cuenta que los ataques de fuerza bruta suelen ir de la mano de otras tácticas. Por ejemplo, un atacante podría utilizar el phishing para obtener las credenciales de una cuenta y la fuerza bruta para otra. O podrían utilizar los resultados de un ataque de fuerza bruta (contraseñas robadas) para realizar estafas de phishing o fraudes en otros lugares.