El término “big data” se usa a menudo de manera amplia, creando ambigüedad en torno a su significado exacto.
El big data es más que solo cantidades masivas de información. Más bien, es un intrincado ecosistema de tecnologías, metodologías y procesos empleados para capturar, almacenar, gestionar y analizar grandes volúmenes de datos diversos.
El concepto de big data surgió por primera vez a mediados de la década de 1990, cuando los avances en las tecnologías digitales significaron que las organizaciones comenzaron a producir datos a un ritmo acelerado. Inicialmente, estos conjuntos de datos eran más pequeños, generalmente estructurados y almacenados en formatos tradicionales.
Sin embargo, a medida que Internet creció y se extendió la conectividad digital, realmente nació el big data. Una explosión de nuevas fuentes de datos, desde transacciones en línea e interacciones en redes sociales hasta teléfonos móviles y dispositivos IoT, creó un conjunto de información en rápido crecimiento.
Este aumento en la variedad y el volumen de datos llevó a las organizaciones a encontrar nuevas formas de procesar y gestionar los datos de manera eficiente. Las primeras soluciones, como Hadoop, introdujeron el procesamiento de datos distribuidos, en el que los datos se almacenan en múltiples servidores o “clústeres”, en lugar de en un solo sistema.
Este enfoque distribuido permite el procesamiento paralelo, lo que significa que las organizaciones pueden procesar grandes conjuntos de datos de manera más eficiente al dividir la carga de trabajo entre clústeres, y sigue siendo crítico hasta el día de hoy.
Las herramientas más nuevas, como Apache Spark, el motor de analytics de código abierto, introdujeron la computación en memoria. Este enfoque permite que los datos se procesen directamente en la memoria principal del sistema (RAM) para tiempos de procesamiento más rápidos que la lectura tradicional de almacenamiento en disco.
A medida que crecía el volumen de big data, las organizaciones también buscaban nuevas soluciones de almacenamiento. Los data lakes se volvieron críticos como repositorios escalables para datos estructurados, semiestructurados y no estructurados. Ofrecen una solución de almacenamiento flexible sin necesidad de esquemas predefinidos. Para obtener más información, consulte “Almacenamiento de big data”.
La computación en la nube también surgió para revolucionar el ecosistema del big data. Los principales proveedores de la nube comenzaron a ofrecer opciones de almacenamiento y procesamiento escalables y rentables.
Las organizaciones pueden evitar la importante inversión necesaria para el hardware on-premises. En cambio, pueden aumentar o reducir el almacenamiento de datos y la potencia de procesamiento abajo según sea necesario, pagando solo por los recursos que utilizan.
Esta flexibilidad democratizó el acceso a la ciencia y el analytics de datos, poniendo los insights a disposición de organizaciones de todos los tamaños, no solo de las grandes empresas con importantes presupuestos de TI.
El resultado es que el big data ahora es un activo crítico para organizaciones de diversos sectores, impulsando iniciativas en business intelligence, inteligencia artificial y machine learning.