Todos los días, las organizaciones crean y recopilan cantidades masivas de datos. Cada departamento o unidad de negocio genera conjuntos de datos que a menudo se almacenan en repositorios dispares y, por lo general, los gestiona un equipo de datos centralizado.
Esta separación crea silos de datos: colecciones aisladas de datos operativos y analíticos que impiden el intercambio de datos, reducen la calidad de los datos y debilitan la toma de decisiones basada en datos. Los silos de datos también limitan la efectividad de las iniciativas de big data, machine learning (ML) e IA.
De hecho, según el IBM Data Differentiator, el 82 % de las empresas informa que los silos de datos interrumpen sus flujos de trabajo críticos, y el 68 % de los datos empresariales permanecen sin analizar.
Las arquitecturas de malla de datos distribuidas abordan estos desafíos descentralizando la propiedad y la gestión de los datos. En lugar de depender de un equipo de datos centralizado y de los pipelines tradicionales, la propiedad de los datos se transfiere a los equipos de dominio. Estos equipos gestionan sus propios datos y los ponen a disposición del resto de la organización como un producto a través de una infraestructura de datos de autoservicio.
Este enfoque de datos como producto enfatiza la accesibilidad, la gobernanza y la utilidad. Se basa en el principio de que los datos, al igual que cualquier producto de consumo de alta calidad, deben gestionarse y organizarse para satisfacer las necesidades específicas de los usuarios.