Históricamente, las empresas dependían del procesamiento manual de datos y calculadoras para gestionar conjuntos de datos más pequeños. A medida que las empresas generaban volúmenes de datos cada vez más grandes, los métodos avanzados de procesamiento de datos se volvieron esenciales.
De esta necesidad surgió el procesamiento electrónico de datos, que trajo unidades centrales de procesamiento (CPU) avanzadas y automatización que minimizaba la intervención humana.
Con la adopción de la inteligencia artificial (IA) en aumento, el procesamiento de datos es más crítico que nunca. Los datos limpios y bien estructurados impulsan los modelos de IA, lo que permite a las empresas automatizar los flujos de trabajo y desbloquear insights más profundos.
Según un informe de 2024 del IBM Institute for Business Value, solo el 29 % de los líderes tecnológicos está totalmente de acuerdo en que sus datos empresariales cumplen los estándares de calidad, accesibilidad y seguridad necesarios para respaldar el escalado eficiente de la IA generativa. Pero sin sistemas de procesamiento de alta calidad, las aplicaciones impulsadas por IA son propensas a ineficiencias, sesgos y resultados poco confiables.
Hoy en día, el machine learning (ML), la IA y el procesamiento paralelo o computación paralela permiten el procesamiento de datos a gran escala. Con estos avances, las organizaciones pueden obtener información mediante servicios de computación en la nube como Microsoft Azure o IBM® Cloud.