Las pruebas de software comenzaron junto con el desarrollo de la ingeniería de software, que surgió justo después de la Segunda Guerra Mundial. Se atribuye al informático Tom Kilburn la creación del primer software, que se presentó el 21 de junio de 1948 en la Universidad de Manchester, en Inglaterra. Realizaba cálculos matemáticos mediante instrucciones básicas en código máquina.
En los primeros años, la depuración era el principal método de prueba y siguió siéndolo durante las dos décadas siguientes. En la década de 1980, los equipos de desarrollo comenzaron a ir más allá de la simple localización y corrección de errores de software. Este cambio marcó el inicio de una visión más amplia de las pruebas, que hacía hincapié en el control de calidad como aspecto fundamental.
Este cambio marcó el comienzo de una visión más amplia de las pruebas, que enfatizaba la garantía de calidad como un enfoque crítico. Se convirtió en una parte integral del ciclo de vida del desarrollo de software (SDLC), el proceso estructurado que utilizan los equipos para crear software de alta calidad, rentable y seguro.
En la década de 1990 y principios de la de 2000 se produjo el auge de las pruebas automatizadas, junto con nuevas prácticas como el desarrollo basado en pruebas (TDD). Durante este periodo, también ganaron popularidad las técnicas de programación modular, como la programación orientada a objetos (OOP), que organizaba el software en módulos. Este diseño modular facilitó la escritura de pruebas específicas para pequeñas partes del código, conocidas como pruebas unitarias. La expansión de las aplicaciones móviles y web exigió nuevas estrategias de pruebas, incluyendo pruebas de rendimiento, usabilidad y seguridad.
En la última década, los avances en las metodologías ágiles y DevOps han cambiado radicalmente la forma en que los equipos crean y entregan software. Las pruebas se han vuelto continuas, automatizadas e integradas en todas las fases del desarrollo y la implementación. Muchas de las organizaciones actuales aprovechan herramientas de automatización propietarias y de código abierto, así como plataformas de pruebas continuas (por ejemplo, Katalon Studio, Playwright, Selenium) para garantizar la calidad. Estas herramientas también les ayudan a ganar velocidad, escalabilidad y la confianza de sus clientes.