Para comprender la importancia de la gestión de la calidad de los datos, considere lo que puede suceder en su ausencia: a medida que las empresas priorizan las funciones basadas en datos, la mala calidad de los datos puede provocar errores, retrasos, pérdidas financieras y daños a la reputación, entre otras consecuencias graves. Estos riesgos se multiplican en la era del "big data", ya que las organizaciones se enfrentan a conjuntos de datos masivos y complejos.
Imagine los siguientes escenarios de "datos incorrectos":
- La tabla de datos de clientes de un minorista está plagada de imprecisiones, lo que da lugar a estrategias de marketing mal dirigidas e ineficaces.
- Un estudio clínico contiene formatos incoherentes, lo que dificulta la comparación de los elementos de datos y dificulta la investigación sobre la progresión de la enfermedad y la asistencia sanitaria.
- Una empresa de un sector altamente regulado está plagada de problemas de calidad de los datos y infringe las leyes y reglamentos gubernamentales, como el RGPD o la Ley Sarbanes-Oxley(SOX).
Por el contrario, los datos de alta calidad contribuyen a las iniciativas de inteligencia empresarial, lo que se traduce en eficiencia operativa, optimización de los flujos de trabajo, cumplimiento normativo, satisfacción del cliente y crecimiento de la empresa.
Los beneficios de la alta calidad de los datos se han intensificado aún más con la adopción generalizada de la inteligencia artificial. Los algoritmos requieren datos de alta calidad para un rendimiento eficaz del modelo; una buena calidad de los datos puede permitir resultados de modelos de IA más precisos y útiles.
De hecho, las empresas con grandes almacenes de datos en los que confían los stakeholders internos y externos obtienen casi el doble de la rentabilidad de la inversión en sus capacidades de IA, según un estudio del IBM Institute for Business Value.