Durante siglos, se pensó que la electricidad era dominio de los hechiceros: magos que dejaban perplejas a las audiencias cuestionándose de dónde venía y cómo se generaba. Y aunque Benjamin Franklin y sus contemporáneos eran muy conscientes de los fenómenos cuando demostró la conexión entre la electricidad y los rayos, tuvo dificultades para imaginar un uso práctico en 1752. De hecho, su invento más preciado tuvo más que ver con evitar la electricidad: el pararrayos. Todas las nuevas innovaciones pasan por una evolución similar: rechazo, evitación, miedo y quizás finalmente aceptación.
Hoy en día, demasiadas personas ven la inteligencia artificial (IA) como otra tecnología mágica que se está poniendo a trabajar con poca comprensión de cómo funciona. Ven la IA como especial y relegada a expertos que la han dominado y deslumbrado con ella. En este contexto, la IA ha adquirido un aire de misticismo con promesas de grandeza, fuera del alcance de los simples mortales.
La verdad, por supuesto, es que la IA no es mágica. El término Inteligencia Artificial se acuñó por primera vez en 1956 y, desde entonces, la tecnología ha progresado, decepcionado y resurgido. Al igual que con la electricidad, el camino hacia los avances de la IA vendrá con la experimentación masiva. Aunque muchos de esos experimentos fracasarán, los que tengan éxito tendrán un impacto sustancial.
Ahí es donde nos encontramos hoy. Como han sugerido otros, como Andrew Ng, la IA es la nueva electricidad. Además de volverse omnipresente y cada vez más accesible, la IA está mejorando y alterando la forma en que se realizan los negocios en todo el mundo. Permite realizar predicciones con una precisión suprema y automatizar los procesos empresariales y la toma de decisiones. El impacto es enorme, y va desde mejores experiencias del cliente hasta productos inteligentes y servicios más eficientes. Y al final, el resultado será un impacto económico para las empresas, los países y la sociedad.
Sin duda, las organizaciones que impulsen la experimentación masiva en IA se llevarán las oportunidades de mercado de la próxima década. Para desglosar y ayudar a desmitificar la IA, hay que tener en cuenta dos elementos clave de las categoría: los componentes y el proceso. En otras palabras, identificar qué hay detrás y cómo se puede adoptar.
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Al igual que la electricidad estaba impulsada por componentes básicos como resistencias, condensadores, diodos, etc., la IA está siendo impulsada por componentes de software modernos:
Con estos componentes a su disposición, cada vez más organizaciones están desbloqueando el valor de los datos. Pero para aprovechar al máximo la IA, también debemos comprender cómo adoptar e implementar la tecnología. Para aquellos que planean hacer la transición, primero deben considerar estos pasos fundamentales:
La IA se está volviendo tan fundamental como la electricidad, Internet y los dispositivos móviles, ya que nacieron en la corriente principal. No tener una estrategia de IA en 2019 será como no tener una estrategia móvil en 2010 o una estrategia de Internet en 2000.
Esperemos que, cuando mire atrás y recuerde este momento de la historia, pueda hacerlo con cariño, como alguien que acogió los datos como un nuevo recurso y la IA como la empresa de servicios públicos para aprovecharlo.
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Una versión de este artículo apareció por primera vez en Informationweek.