Casi todas las actividades en línea dejan un rastro. Algunos rastros son obvios, como una publicación en redes sociales. Otros son más sutiles, como las cookies que utilizan los sitios web para rastrear a los visitantes. Cada rastro que una persona o empresa deja atrás, en conjunto, forma su huella digital.
Si bien los usuarios de Internet y las organizaciones tienen huellas digitales, difieren de manera significativa. La huella de una persona consiste en los datos personales que comparte directa e indirectamente. Incluye la actividad de la cuenta en línea, el historial de navegación y los detalles que los corredores de datos recopilan en segundo plano.
La huella de una organización es más compleja. Consiste en toda la presencia en línea de la compañía, incluidos todos sus activos, contenido y actividad públicos y privados en Internet. Los sitios web oficiales, los dispositivos conectados a Internet y las bases de datos confidenciales son parte de la huella de una compañía. Incluso las acciones de los empleados, por ejemplo, enviar correos electrónicos desde las cuentas de la empresa, se suman a la huella de esta.
Este artículo se centra en las huellas de organizaciones. Las huellas de las organizaciones son cada vez más grandes y están más distribuidas, impulsadas por tendencias como el auge de la nube y el trabajo remoto. Este crecimiento conlleva riesgos. Cada aplicación, dispositivo y usuario con huella digital es un objetivo para los ciberdelincuentes. Los hackers pueden entrar en las redes de la compañía explotando vulnerabilidades, secuestrando cuentas o engañando a los usuarios. En respuesta, los equipos de ciberseguridad están adoptando herramientas que ofrecen una mayor visibilidad y control sobre la huella de la compañía.