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Conversaciones para un mundo más inteligente. Caminos hacia un mundo más inteligente.

En 2007, el mundo cruzó un umbral significativo. Por primera vez en la historia, la mayoría de la población humana vivía en ciudades. Y esta urbanización va en aumento. Hacia el año 2010, habrá 59 áreas metropolitanas con poblaciones superiores a los cinco millones, el 50% más que en 2001

Muchos de esos ciudadanos conducirán coches, y los productos que consuman llegarán en camiones. Entonces, si ya piensa que su rutina está plagada de embotellamientos, ¿qué nos deparará el futuro?

Muy sencillo, nuestra administración e infraestructura del transporte no puede gestionar el tráfico mundial. Sólo en EE.UU. se pierden 3700 millones de horas cada año en el tráfico y se queman innecesariamente 2300 millones de galones de combustible, suficiente para llenar 58 súper cisternas, a un coste para la economía de 78000 millones de dólares por año.

Todo esto no es inteligente, pero puede serlo. La naturaleza sistémica del transporte urbano es la clave para la solución. Es necesario dejar de centrarse sólo en partes del problema: añadir un puente nuevo, ensanchar una carretera, poner señalización, establecer vías de uso diario, promover el coche compartido o desplegar helicópteros de tráfico.

Por el contrario, debemos mirar hacia las relaciones existentes en el sistema completo y en todos los demás sistemas afectados: nuestras cadenas de suministro, nuestro medio ambiente, nuestras empresas,... la forma en la que viven y trabajan las personas y las ciudades. El tráfico no es sólo una fila de coches: es una red de conexiones.

El “tráfico inteligente” no es la norma todavía, pero no es una visión muy lejana del mañana. En muchos lugares, IBM contribuye a que sea una realidad.

En Estocolmo, un sistema de peajes dinámico basado en el flujo de vehículos que entran y salen de la ciudad ha reducido el tráfico en un 20%, ha disminuido el tiempo de espera en un 25% y ha recortado las emisiones en un 12%. En Singapur, los controladores reciben información en tiempo real gracias a unos sensores para modelar y predecir escenarios de tráfico con una precisión del 90%. Y en Kyoto, los planificadores urbanos simulan situaciones de tráfico a gran escala en las que se implican millones de vehículos para analizar el impacto urbano.

Todo esto es posible porque las ciudades pueden infundir inteligencia en sus sistemas de transporte completos (calles, puentes, intersecciones, señales, semáforos y peajes) que pueden estar interconectados y ser más inteligentes. Estos sistemas de tráfico inteligentes pueden mejorar los viajes diarios al trabajo de los conductores, ofrecer una mejor información a los planificadores urbanos, aumentar la productividad de las empresas y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Pueden reducir la congestión, disminuir el uso de combustible y recortar las emisiones de CO2. La rápida urbanización de nuestro planeta depende de llevar y traer personas y cosas. En el siglo XX, eso quería decir autopistas de estado a estado y de país a país. En el siglo XXI, los sistemas de tráfico “inteligente” pueden ser el nuevo hito del progreso.

Vamos a construir un mundo más inteligente.




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